martes, 30 de octubre de 2012

Un matrimonio de desconocidos


Llevan siglos engañándonos. Desde hace cientos de años nos vienen con el rollo de las almas gemelas. El primero en vendernos la moto fue Platón, con su teoría de que somos seres incompletos, divididos en dos mitades condenadas a encontrarse (o no) por azar. Del resto del trabajo se encargó Hollywood y la sensiblería de las películas románticas. ¿Existe tu media naranja?

El matrimonio que nunca fue
En Cádiz existe un perturbante ejemplo de cómo el engaño llega a todos los ámbitos. Si visitáis su Museo Arqueológico no pasaréis de largo por dos de sus piezas más impactantes: dos sarcófagos de época fenicia, la tumba de un hombre y de una mujer, dispuestas la una junto a la otra. Aún hoy, muchas personas las llaman "el matrimonio del museo de Cádiz", pasando por alto el "insignificante" detalle de que casi medio siglo de vida (o muerte) separa a ambas esculturas.
El arqueólogo Pelayo Quintero
La historia de este extraño matrimonio comienza en 1887, cuando el arqueólogo Pelayo Quintero descubre un sarcófago fenicio con forma humana y rostro barbado. Se trataba de un hallazgo único. Todavía hoy, en 2012, solo se han encontrado diez esculturas de estas características en todo el mundo. Aquel encuentro supuso un punto de inflexión en la Historia de la arqueología y también en la vida de Quintero. El arqueólogo, quizás siguiendo la máxima "detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer" se empeñó en pensar que debía existir una compañera femenina para aquel misterioso fenicio barbado. Y así comenzó su búsqueda, prologada durante décadas, de un sarcófago femenino que hiciera pareja con el ya encontrado. Pelayo murió sin cumplir su sueño algunos años después. La sorpresa vino casi un siglo después del primer hallazgo. En 1980, en el trascurso de una excavación, aparece un sarcófago femenino en la ciudad de Cádiz. ¿El lugar? Justo debajo de la casa donde Quintero había vivido. Algunos, incluso, se atreven a señalar que el lugar del descubrimiento estaba situado justo debajo del dormitorio o incluso de la cama del arqueólogo. Cuenta la leyenda que la dama se aparecía en sueños a su buscador, sin que ese supiese interpretar el mensaje. Pelayo buscó por todo Cádiz, menos en el lugar que estaba bajo sus pies.
Cuando el sarcófago femenino apareció, todo el mundo estuvo de acuerdo en que se trataba de la esposa del primero. Sin embargo, estudios posteriores separan ambas esculturas en casi cuarenta años, lo que hace poco probable esta suposición. Pero el destino ha querido hacer de estos dos desconocidos un matrimonio que se muestra bien avenido frente a los visitantes que pasan por el Museo de Cádiz. ¿Qué ocurrirá cada noche cuando las luces se apagan en el arqueológico gaditano? ¿Discutirán? ¿Le echará en cara él a ella su relación secreta con el arqueólogo que tenía su cama justo por encima de su cabeza? ¿Le reprochará ella a él los siglos que estuvo sola bajo tierra?
La Historia hace parejas extrañas. Y de igual manera la Historia nos demuestra que puede existir el amor entre dos desconocidos. Pelayo Quintero se enamoró de la idea de una dama fenicia a la que persiguió toda su vida sin conocer. Los gaditanos se han enamorado de la idea de un matrimonio que nunca fue tal. 
Un consejo: si aún no habéis encontrado vuestra media naranja, mirad debajo del colchón, porque quizás os pase como al arqueólogo gaditano y esté más cerca de lo que pensáis. 

miércoles, 25 de julio de 2012

El instante preciso


El instante preciso, una pintura de Villalta
En la última entrada de mi blog mencioné a Guillermo Pérez Villalta. La figura de este singular artista andaluz no deja de fascinarme. En un blog de arquitectura como este no podía dejar de hablar de él. Porque Pérez Villalta comenzó siendo arquitecto, o al menos intentándolo, porque que yo conozca el único edificio que ha llegado a construir es el maravilloso Kursaal de Algeciras. Pero finalmente se resignó a ser arquitecto de interiores, y digo de interiores porque su obra pictórica y escultórica no deja de representar las interioridades más especiales del ser humano y, en concreto, las suyas propias. La arquitectura está muy presente en su pintura, sobre todo aquella que hace referencia a la época grecolatina. Un capitel dórico por aqui, un mosaico romano por allá... Todo es clasicismo en su contemporánea obra. 

Pero Villalta, además de arquitecto y pintor es escultor. Y hay una obra suya que no deja de sorprenderme. "El instante preciso" ha pasado por los tres estados del arte: pintura, escultura y arquitectura. Comenzó siendo una idea reflejada sobre el lienzo. De  la tela al bronce. De pintura se convirtió en escultura y, como tal, corona el Ayuntamiento de Granada. 
Escultura de Pérez Villalta en el Ayuntamiento de Granada
Se trata de una escultura ecuestre que corona la fachada del Consistorio de la capital del Darro. Un hombre desnudo, con los ojos vendados, cuyo rostro (no su atlético cuerpo) recuerda mucho al del propio Pérez Villalta. El artista gusta de autorretratarse idealizándose en sus obras. Con una mano sostiene una bola dorada y con la otra las riendas de un caballo . La cola al vuelo, una pata alzada, otras dos en inestable posición sobre dos esferas. ¿Qué representa tan misteriosa escultura?
El propio artista tarifeño dice que representa "un momento de felicidad plena". ¿Es ciega la felicidad? Sin duda la prosperidad plena está condicionada por una ceguera, aunque sea parcial. Aquella que nos hace centrarnos en un aspecto positivo lo suficientemente intenso que bloquea lo negativo. La bola dorada del misterioso personaje bien podría representar esa anhelada felicidad. Pero el propio nombre de la obra "el instante preciso" ya nos da una pista. La felicidad no es para siempre, solo dura un instante preciso. Y ese jinete, que muestra orgulloso al mundo la causa de su contento, puede resbalar solo un segundo después porque su caballo no logre mantener el equilibrio sobre las inestables esferas. Pero ese instante, ese preciso instante es tan bello, que no somos capaces de renunciar a él. Podemos caer una y otra vez del caballo, pero  nos volveremos a montar sobre él, sabiendo que su equilibrio siempre será inestable. 
Bajo la escultura hay un reloj con una inscripción que nos da la clave de todo: "Feliz quien ve sus horas en dorado presente". Así que, seamos un poco ciegos, no miremos hacia atrás, tampoco nos agobiemos por el futuro. Vivamos el presente, el momento. Pero¿vale la pena aunque solo sea un instante preciso?

lunes, 23 de julio de 2012

Discordia

Discordia es lo contrario de concordia. La Real Academia de la Lengua la define como "oposición, desavenencia de voluntades u opiniones". La mitología nos da una explicación mucho más poética del término, a través de la famosa Historia de la "manzana de la discordia". ¿Qué no conocéis la Historia? Estoy seguro de que la habéis oído en algún momento... 
Los griegos llamaban a la Discordia Eris, una deidad que no caía muy simpática entre los dioses. Por eso, cuando se celebraron las bodas de Peleo y Tetis, la diosa de la Discordia se quedó sin invitación. La afrenta no debió de hacerle mucha gracia y por ello planeó una terrible venganza. Eris dejó en el banquete de bodas una manzana dorada con la inscripción "kallisti", es decir, "para la más bella". Cuando las diosas Hera, Afrodita y Atenea vieron la manzana, las tres se consideraron inmediatamente las destinatarias del presente, al creer cada una de ellas que era más bella que las demás. Zeus, el rey de los Dioses, decidió que debía de ser alguien imparcial quien decidiera cual de las tres diosas era la más bella. Por eso mandó al mensajero de los Dioses, Hermes, que trajera al joven príncipe de Troya, Paris, para que actuara como juez. 
Y empezaron los chantajes... Atenea, diosa de la sabiduría, le prometió al príncipe troyano convertirlo en el hombre más inteligente del mundo si la elegía a ella. Hera, reina de los Dioses, ofreció a Paris todas las riquezas y el poder del mundo si era la escogida. Por último, Afrodita, diosa del amor, le prometió los favores de la mujer más bella del mundo. ¿Qué escogió Paris? ¿Saber, poder o amor? 
El juicio de Paris de Rubens 

Ese momento decisivo lo han sabido captar muchos de los maestros de la pintura a lo largo de la Historia. Quizás haya sido Rubens uno de los que mejor lo ha representado, con ese gesto pensativo del príncipe troyano, que duda a quién entregar la manzana dorada que sostiene el mensajero de los Dioses. Frente a él, Atenea, con su casco y escudo a los pies. Afrodita, acompañada de Cupido y coronada de flores. Hera, con su corona de reina de los Dioses y junto a un pavo real, símbolo de su poder... 
Juicio de Paris. Guillermo Pérez Villalta.
 Incluso los pintores contemporáneos se han atrevido con el tema. Quien me conozca un poco sabrá de mi debilidad por la pintura de Guillermo Pérez Villalta, un artista gaditano que ha sabido contar el mito a través del lenguaje contemporáneo. A primera vista la obra parece un galimatías, pero poco a poco, si lo vamos comparando con el cuadro de Rubens, vamos descubriendo a cada uno de los personajes. A una exuberante Afrodita con tres pechos, a una Atenea tocada con su característico casco, o a una Hera representada por la fruta de la granada (símbolo de fertilidad) o los atributos del pavo real. Frente a ellos Paris, con su gorro frigio y Hermes con el caduceo. Una visión diferente para una de esas historias de toda la vida...
Pero nos queda saber como terminó la Historia. ¿Qué escogió Paris? ¿Sabiduría, poder o amor? ¿A que diosa escogió como la más bella? El príncipe sentenció que Afrodita era la destinataria de la manzana de oro y esta cumplió su promesa. Helena de Troya, la mujer más bella del mundo, se enamoró de Paris. Solo existía un problema: Helena era una mujer casada. Por eso, cuando Paris rapta a Helena y se la lleva a Troya, el marido de Helena, Menelao, decide invadir la ciudad, dando comienzo a la famosa Guerra de Troya. Así, un acontecimiento anecdótico, la disputa por una pequeña manzana de oro, desencadenó el conflicto más grande de la Antigüedad clásica. Y es que, a veces, son cosas insignificantes, que no parecen tener importancia, las que determinan nuestras vidas. Una palabra, un pequeño gesto, un suceso aparentemente baladí, tiene consecuencias inesperadas. También hay ocasiones en las que buscamos de manera inconsciente una manzana a la que atribuir la voluntad de nuestras disputas para excusar de esa manera nuestra intención de guerrear. Y cada vez que esto ocurre Eris, la diosa de la Discordia, rie a carcajadas...

jueves, 19 de julio de 2012

Cosas del Destino

Moiras o Parcas, diosas del Destino
¿Qué me decís? ¿ Creéis en el destino? A veces uno se da cuenta de que para llegar a un determinado punto han tenido que ocurrir muchas cosas. Todo parece un plan trazado al mínimo detalle por algo ajeno a nosotros mismos. Nuestros antepasados griegos y romanos atribuían esa función a tres diosas, las llamadas Moiras o Parcas, verdaderas arquitectas de la vida. Se habla de ellas como tres hermanas que manipulaban el hilo de la vida de una persona. Cloto hilaba la hebra, dándole vida al individuo. Láquesis medía con su vara la longitud del hilo de la vida. Átropos, tijera en mano, cortaba por lo sano el hilo, poniéndole fin a todo. 
¡Qué injusto! ¿no? Si todo está decidido, ¿para qué vivimos? Si nada de lo que hagamos puede cambiar nuestro destino, ¿para qué esforzarse? En mi propia vida he experimentado como un acontecimiento ha influido decisivamente en otro, hasta trazar un camino que me ha llevado a ser la persona que soy. Esto muchas veces me ha llevado a pensar que todo pasó así porque tenía que pasar. Por doloroso que algunas veces fuera... Hay acontecimientos que llevan inexorablemente al final de una etapa.
Excavación en terraza de la Real Sociedad de Tiro
Alonso Hinojos del Pino debió de ser una de estas personas que creía mucho en el destino. Albañil de profesión (algo muy adecuado para un blog de arquitectura como este) la mañana del 30 de septiembre de 1958 se dirigió a la obra en la que trabajaba, en la Real Sociedad del Tiro de Pichón de Camas (Sevilla). Aquella mañana tenían previsto asfaltar la terraza del nuevo edificio que estaban construyendo en el recinto del club, pero al arquitecto que supervisaba la obra no le convencía que una de las ventanas del edificio colindante quedará a la misma altura del suelo de la terraza y dió la orden de excavar 15 cm más. Esos 15 cm cambiaron la Historia de Andalucía. Aquella mañana Alonso encontró el Tesoro del Carambolo, el mayor hallazgo arqueológico vinculado a la cultura tartésica. ¿Casualidad? ¿El destino? Si el arquitecto no hubiera acudido aquella mañana a la obra, si no hubiera decidido rebajar el suelo, el espléndido tesoro del siglo VIII a.C. hubiera desaparecido para siempre bajo un mar de asfalto. ¿Era el destino de Alonso encontrar el tesoro?
Dicen algunos historiadores que el tesoro del Carambolo fue enterrado por alguna sacerdotisa tartésica con la finalidad de esconderlo, de ponerlo a salvo de algún peligro: una guerra, una revuelta, un cambio político traumático....
No sé si las cosas suceden porque tienen que ocurrir de esa manera. Lo que está claro es que ahora toca cambio de ciclo, no sé si será traumático o no, pero será un cambio. No es un cambio decidido por nadie. Ha sido una Moira traviesa la que ha decidido trastocarlo todo separando con su vara de medir dos hilos que hasta ahora estaban muy cerca el uno del otro. De momento toca enterrar el tesoro y ya se verá si más adelante alguien es capaz de encontrarlo y desenterrarlo. Si eso ocurre o no, ya no será decisión mía. Eso será cosa del destino. 

martes, 10 de abril de 2012

Loco de atar

Luis II de Baviera, el loco arquitecto
En un blog sobre Arquitectura (¿de verdad alguien se sigue creyendo eso de que escribo sobre arquitectura?), no podía dejar de hablar de los locos... Y es que, ¿qué sería de la arquitectura sin la locura? Los grandes monumentos de la Historia fueron construidos por seres megalómanos y egocéntricos que no andaban muy bien de la azotea. Siempre me atrajo mucho la figura de uno de los tantos locos-cuerdos que la Historia nos ha regalado. Me refiero a Luis II de Baviera, el primo de la famosa Sissi, que gobernó aquella tierra a finales del siglo XIX. Fue uno de estos monarcas excéntricos y solitarios que dejó de lado sus obligaciones de gobierno para dedicarse a su verdadera pasión: la arquitectura. A lo largo de su vida emprendió la construcción de tres majestuosos castillos de cuento de hadas:

Castillo de Neuschwastein




Linderhof, Herrenchiemsee y Neuschwanstein. Hace algunos años tuve la oportunidad de visitar el último de ellos, en el que se inspiró el famoso castillo de Disney. En el corazón de un bosque verde se alzaba impresionante reflejando toda la locura, bendita locura, de la persona que lo ideó. Luis II acabó muy mal. Se suicidó junto a su médico y amante tirándose a un lago. Y es que si lo del amor a la arquitectura siempre supo canalizarlo por el buen camino, su amor por otros hombres le causó muchos problemas a lo largo de su vida.
No nos engañemos. La locura siempre, o casi siempre, está causada por el amor. Todos conocemos el famoso ejemplo de Juana la Loca. La hija de Isabel y Fernando tuvo la desgracia de enamorarse hasta las trancas de un mujeriego empedernido, Felipe el Hermoso. Sus continuas infidelidades provocaron en ella ataques de celos, que la Corte y sus súbditos interpretaron como brotes de locura. ¿Quién no ha tenido alguna vez un arrebato celoso? Esta oportunidad fue aprovechada por su marido y por su padre para declararla incapaz de gobernar. La reina propietaria de Castilla fue encerrada en el castillo de Tordesillas donde permaneció desde los 27 a los 76 años. Una mujer traicionada por el poder, por los tres hombres de su vida: su padre, su marido y más tarde su hijo, Carlos I.
Locura y amor siempre han sido sinónimos. Pasión por lo que haces. O Decepción... Traiciones que no llegarás a comprender. Aunque no sabes si realmente te importan... Actos completamente absurdos y carentes de toda lógica. Enamorarte de quién no debes. No saber si amas realmente o a quién. 
En fin ¿Quién no está un poco loco?

Juana I de Castilla, llamada La Loca







viernes, 17 de febrero de 2012

De cuando los españoles gobernábamos en Alemania y nadie nos entendía

España y Alemania no se entienden. Ángela Merkel desconfía de nuestra economía y los españoles desconfiamos de la canciller. Hitler y Franco no se entendieron en Hendaya a pesar de que hablaban el mismo idioma. Parece que estos dos pueblos están condenados a un desencuentro eterno. 
Los españoles, cuando no entendemos algo, decimos que "nos suena a chino". Los alemanes usan la expresión "Das kommt mir spanisch vor", es decir "me suena a español". El origen de esta expresión, parece estar en la Historia.
Fernando I, emperador nacido en España
Todos conocemos la figura de Carlos I de España y V de Alemania. Sin embargo, es menos conocida la historia de su hermano, el infante Don Fernando, que siguió el camino inverso de Carlos. Ambos hermanos eran hijos de Felipe el Hermoso y Juana la Loca. Carlos nació en Gante donde fue criado por la familia de su padre hasta que fue proclamado rey de Castilla y Aragón. Fernando, en cambio, había nacido en España, donde fue criado por su abuelo Fernando el Católico, que hasta el último momento se pensó aquello de desheredar al mayor y nombrar rey al pequeño. Pero finalmente es Carlos quien reclama el trono. Llega a España sin hablar una palabra de castellano y rodeado de colaboradores, por cierto borgoñones y alemanes, a los que pretendía dejar al mando mientras él reclamaba la corona imperial. Los españoles no entendíamos la manera de gobernar de los alemanes y así lo señala un caballero castellano en las Cortes de la Coruña de 1520:
"Ahora ha vuelto a España la gloria que tiempos pasados estuvo dormida. Dicen los que escribieron el loor de ella que cuando las otras naciones enviaban tributos a Roma, España enviaba emperadores. Envió a Trajano, a Adriano y Teodosio y ahora vino el imperio a buscar emperador a España, y nuestro Rey de España es hecho por la gracia de Dios, rey de Romanos y emperador del mundo."
Finalmente, Carlos, comprendió que para gobernar un reino tan levantisco como el nuestro no podía hacerlo desde fuera y decidió quedarse a vivir entre nosotros. Para evitar a su hermano la tentación de  querer hacerse con la corona española lo casó con una princesa centroeuropea y lo mandó bien lejos.
Cuando Carlos I abdica divide sus posesiones en dos mitades: los reinos españoles para Felipe II, los alemanes para su hermano Fernando. Esta fue la manera en los caminos de ambos hermanos se cruzaron: el que nació en Gante acabó gobernando España y el que nació en España acabó reinando en Alemania. 
No fue Fernando I el único español que se hizo con la corona imperial alemana. Su hijo Maximiliano II se crió en Madrid con su primo Felipe II. También el sucesor de este, Rodolfo II se educó en la Corte española.
Al parecer, a estos tres monarcas se les escapaba de vez en cuando alguna palabra en español, lo que provocaba el desconcierto de la Corte. También había ocasiones en las que el emperador adoptaba una decisión que no era comprendida por sus ministros o los nobles alemanes, entonces también se usaba la expresión "Das kommt mir spanisch vor" (me suena a español) para señalar que esa decisión nunca la habría tomado un alemán.
Ahora las tornas han cambiado. Los españoles ya no decidimos nada en Alemania, sino más bien al revés, son ellos los que deciden por nosotros. Así que ya sabéis: si os echan del trabajo, si os reducen el sueldo o si  recortan vuestros derechos, siempre podéis decir "me suena a alemán".


Dedicado a mi prima María y a su familia, que son un puente entre España y Alemania, dos pueblos que hablan idiomas distintos, pero que están condenados a entenderse. 


miércoles, 28 de diciembre de 2011

Nadar en la superficie

Este es un blog de arquitectura muy peculiar. Hecho por un apasionado de la arquitectura que no es arquitecto. Escrito por un constructor de palabras que aún no es periodista. Construido por un artista frustrado que en algún momento se hizo historiador del arte. Por eso no podía dejar de acercarme a la arquitectura a través de la pintura y buscar en ello la arquitectura de mi interior...
Casi todo el mundo conoce el Pop Art, ese amable y publicitario estilo artístico de los años 60, con latas de sopa de tomate, cuadros multicolores de actrices de Hollywood y cómics enmarcados. El Pop Art quizás sea el estilo artístico más genuinamente americano. Refleja perfectamente lo que fue la sociedad de aquel momento y quizás también la actual. Pero no solo los estadounidenses lo cultivaron, y muchos europeos se vieron pronto atrapados por él. El británico David Hockney fue uno de ellos. Cuando llega a los Estados Unidos comienza a reflejar lo que significa para él California: la luz, la modernidad, el consumo, la publicidad, el estilo de vida, su Arquitectura.
Quizás su cuadro más conocido de este periodo sea A Bigger Splash. Una composición sencilla, a base de líneas planas. Un trampolín, una piscina, una moderna y sencilla vivienda de una planta, el cielo azul y luminoso y dos palmeras que rompen la horizontalidad. Todos elementos secundarios y accesorios que no logran distraernos del verdadero protagonista de la obra. ¿Una persona? No la vemos. Está zambullida debajo del agua. Pero ha dejado su huella en la superficie, un gran "splash".

Este cuadro ha fascinado a generaciones de artistas. Pedro Almodovar hace un genial homenaje a Hockney en La Mala Educación, cuando Gael García se tira a la piscina por encima de la cabeza de Fele Martínez.

En la Arquitectura de mi interior también hay una gran piscina. Este cuadro la retrata. A mi no me podréis ver pero estuve en él hace solo un segundo, el chapuzón os da la pista. Yo estoy abajo, en las profundidades. Ese siempre ha sido mi lugar. Ese ha sido siempre mi defecto. Incapaz de nadar en la superficie. Siempre exigiendo a los demás que se tiren de cabeza. El cuadro de Hockney encierra en su aparente simpleza una tarea compleja. "Me llevó dos semanas pintar un evento que dura dos segundos", dijo el pintor. Quizás sería mucho más fácil quedarse siempre en la superficie. Sentarse en el trampolín y jugar a chapotear. Disfrutar con las ondas que se dibujan sobre el agua. Bucear es incómodo. Si pasas demasiado tiempo debajo del agua llega un momento que no puedes respirar. Cuando uno se tira demasiadas veces de cabeza en una piscina acaba agotado, cansado de realizar tanto esfuerzo para nada. 
Todo es mejor para la gente que permanece en el borde de la piscina, al calor del sol, sin descubrir que hay en lo profundo, sin descubrirse tampoco a los demás.
Las ventanas de la casa de Hockney reflejan el exterior, unas palmeras, unos edificios, pero no nos da ninguna pista de lo que hay dentro. Tengo que encargar unos cristales como estos. Está claro que es muy útil eso de que nadie pueda adivinar lo que hay en tu Arquitectura de interior. Pero creo que para eso ya es tarde...
No me busquéis por un tiempo porque no me váis a encontrar. Estaré una temporada en el fondo de la piscina. Y aunque parezca por ello que me encuentro en las profundidades, nada más lejos de la realidad. Estaré en la superficie, más que nunca. Aunque la arquitectura de mi interior tendrá esta vez unos amplios ventanales de cristales tintados.