¿Alguna vez has dejado algo inacabado? ¿Ha habido alguna ocasión en la que has pronunciado la frase "ya lo terminaré mañana" y finalmente no lo has hecho? Yo vivo en la ciudad de las cosas que nunca se concluyeron. La ciudad de las arquitecturas inconclusas...

Pero volvamos al proyecto sevillano... Aníbal se encontró con muchos contratiempos a la hora de comenzar su obra, de la que solo llegó a alzar los cimientos, que aún podemos ver los sevillanos. Solo uno de estos contratiempos fue insuperable: la muerte. El 31 de mayo de 1929 ésta sorprendió al singular arquitecto.
Probablemente poco antes el maestro se encontraría ante su mesa de trabajo, concluyendo los planos para la Basílica. Le faltarían unos simples trazos para culminar la forma apuntada de una ventana, o la línea de curva de uno de los pilares que sustentaban el cimborrio. Era tarde, se hacía denoche y Aníbal dijo: "mañana lo terminaré". Y su obra quedó inconclusa... Para siempre.
Y es que Sevilla es una especialista en esto de no acabar nunca las grandes cosas. Creo que todos nosotros, cómo buenos sevillanos (también los de otras ciudades), nos empeñamos cada día en dejar cosas sin concluir.
No nos damos cuenta de lo importantes que son los finales hasta que no los tenemos. Toda historia necesita de un comienzo, un desarrollo y un fin. A todos nos ha pasado alguna vez que el final de un libro o de una película nos ha decepcionado, precisamente porque no había fin. ¿Y en el fin del amor? Aquel que siente que esa relación ha concluido lo supera rápidamente. Porque para él, la historia tuvo un principio, un momento de maravilloso desarrollo y un capítulo final. (También puede haber epílogos, pero todo el mundo sabe que segundas partes nunca fueron buenas). Todos necesitamos un tiempo de duelo. Días, semanas, meses, años que nos permiten asumir ese final que no hemos escrito. No te das cuenta de cómo ocurre, pero un día lo superas. Un glorioso día coges con fuerza la pluma y consigues escribir "FIN". Es cómo los segundos, los emocionantes segundos, que pasan desde que has terminado de leer un buen libro y el momento en el que cierras sus tapas para siempre. Si ha sido un buen libro levantarás la mirada, sonreirás y con una mezcla de pena y satisfacción lo darás por acabado.
Los finales son fundamentales. Hay quien nunca puede escribir un final. Unos padres que han perdido una hija y que necesitan encontrarla para acabar las últimas frases de su biografía. Un amor que necesita saber porque le dejaron para cerrar capítulo e iniciar otra Historia. Alguien que necesita el paso del tiempo para atreverse a iniciar una nueva aventura. Todos necesitamos un final. Nadie quiere dejar su libro inacabado.
Pero hay historias que no tienen final... La de Aníbal no lo tuvo. O mejor dicho, tuvo uno de esos finales que no satisfacen a nadie.
Cada vez que paséis por la Buhaira acordaos de ese "the end" que nunca puedo escribir un genio. Tenéis que pensar: "él no pudo porque se lo impidió la muerte, pero yo aún puedo". Coged la pluma con fuerza y, si podéis, escribid un final feliz.